Mirad Bien, no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios; que brotando alguna raíz de amargura, os estorbe, y por ella muchos sean contaminados. Hebreos 12: 15.
Cuantas veces hemos oído esas voces auto-pesimistas. Algunos, porque vienen arrastrando secuelas desde su niñez, otros, porque las oportunidades les han sido mezquinas.
Esa frase auto-despectiva casi siempre va a acompañada de otras, como: Nadie me quiere, a nadie le importo, naci para nada, nadie me ama, nadie me valora, lo mío no sirve, ¿Para que vivir? Dios no existe y muchas otras que no vale la pena mencionar.
El libro de los proverbios. 15: 15 Dice: Todos los días del afligido son difíciles; Mas el corazón contento tiene un banquete continuo. Todos los días del afligido son difíciles. Se refiere a las personas que no logran enfrentar las situaciones dolorosas, por las que tenemos que pasar todos; Y se entregan a la pena; Mas el de corazón contento tiene un banquete cada día.
La vida depende desde el lado que se vea. Si uno la ve con pesimismo; se hará amarga, difícil, invivible, insoportable. Pero si uno se enfrenta a ella, dando gracias a Dios por todo: Ella será buena. Bondadosa, amable, llevadera y feliz.
En el capítulo 18 y verso 14 del mismo libro. Dice: El animo del hombre (Su deseo de vivir, de superar las crisis los momentos amargos, de enfrentar con fe y convicción los momentos aciagos) soportara la enfermedad. ¿Mas quién soportará el animo angustiado? (la persona que se entrega a las penas. Que todo lo ve difícil, imposible. Que reniega, que se amarga, que se complica por todo. Para esa persona no hay droga, ni remedio, ni medico ni hospital que valga. Para ellos la vida no es más que una verdadera amargura.
Cuando las crisis humanas (a las que estamos sometidos todos de una manera o de otra) No se aprenden a manejar, se convierten en caldos de cultivo, para que se reproduzca el germen de la amargura.
El sufrimiento continuo tiende a menoscabar la fe en algunos. Fluye, entonces, la amargura con sus funestas consecuencias. El amargado se aísla. Esa es una de las tácticas del depredador. Aislar la victima de los demás para poderla atacar y devorar con facilidad.
Eso es exactamente lo que hace el diablo con el amargado. Lo aísla para poderlo destruir. Lo aísla de la congregación, de la familia, de los hermanos, de la sociedad, entonces empieza a morir lentamente en la mas absoluta soledad interna; aunque este rodeado de mucha gente.
El amargado respira odio, veneno mortal, y contamina a muchos destruyéndolos. El amargado destruye, personas, empresas, congregaciones, pastores, familias aún a los que le quieren ayudar.
La amargura engendra la murmuración. Cuando el pueblo de Israel, llegó a las aguas de Mara, murmuraron contra Dios y contra Moisés. Cuantas veces elogiamos a la hermana por su hermoso vestido, por el perfume por su belleza, pero cuando estamos distantes, le despellejamos, echamos por el suelo dignidad, le perseguimos, hablamos mal de ella. Eso es un indicativo, que: Hay amargura en nuestra vida.
Un hombre amargado le hace la vida imposible a su esposa, hijos, y en fin a la familia.
La amargura es contraria a la paz del Espíritu que Cristo nos dio cuando entró a nuestra vida.
La amargura afecta al que la posee, destruyéndole física, espiritual y emocionalmente.
El amargado nunca reconoce sus faltas, su pecado, su maldad. Siempre le hecha la culpa a los demás.
La amargura es como el cáncer o el sida; No se ve. Y cuando se detecta, es porque la persona está invadida. Las enfermedades destruyen a quienes la poseen. La amargura, destruye a muchos. El dueño de la amargura se torna criticón, llorón. En todas partes se hace el mártir. Quiere que todos lo consientan. La amargura esta detallada en una carta apostólica, es decir que fue escrita para los santos. Lo que quiere decir: que ninguno de nosotros es susceptible de ella.
La biblia dice, que: La amargura es una pequeña raíz. Pero si se alimenta, se vuelve como un sicomoro (árbol gigante y frondoso) muy difícil de arrancar. Cuando dejamos que la amargura prospere en nosotros, le damos lugar al diablo, y es allí cuando el puede destruirnos.
Los malos hijos, los hijos ingratos, descomedidos, altaneros, causan amargura a los padres.
La palabra del Señor, Dice: No se ponga el sol sobre vuestro enojo. Esto quiere decir, que: Si el hermano te ofende, o tu lo haces con el; Hay que reconciliarse antes que el sol se ponga. No podemos ir a la cama con la amargura. Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdono a vosotros en Cristo. Efesios 4. 32.
La margura enferma el alma y envena la lengua. Reitero: Cada comentario que hacemos de alguien en su contra; es una señal clarísima, que hay amargura en el que lo hace.
En el capítulo 22 del primer libro de Samuel versos uno y dos, se habla de 400 hombres afligidos, derrotados, endeudados, torturados, con hambre y con amargura de espíritu; que se unieron a David. Un enorme ejercito de amargados. Como serían las reacciones de ellos, llenos de amargura.
Romanos 12; 16-18.Unanimes entre vosotros; no altivos sino asociándoos con los humildes (no con los altaneros ni amargados): No seáis sabios en vuestra propia opinión.
No paguéis a nadie mal por mal; Procurad lo bueno delante de todos los hombres. Si es posible, en cuanto dependa de vosotros estad en paz con todos los hombres.
EL MEJOR REMEDIO CONTRA LA AMARGURA ES EL PERDON
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