Y Ana con amargura de alma oró a Jehová y lloró abundantemente, e hizo voto diciendo: Jehová de los ejércitos, si te dignares mirar a la aflicción de tu sierva y te acordares de mi, y no te olvidares de tu sierva, sino que dieres a tu sierva un hijo varón, yo lo dedicaré a Jehová todos los días de su vida, y no pasará navaja sobre su cabeza. 1º de Samuel 1; 10-11.
Al leer estos hermosos pasajes de la palabra de Dios, encuentro que la oración de Anita, tenía una serie de ingredientes, que deben estar presentes en nuestras oraciones de hoy. Examinemos algunos de ellos.
Lo primero que observo en esta hermosa oración, es que: Anita se dirige a Dios, con datos exactos. Un hijo varón, para el servicio a Dios, lo dedicaré toda su vida. No pasará navaja sobre su cabeza (es decir: dedicado a Dios por completo. Nazareo) Así deben ser nuestras oraciones. Aunque él lo sabe todo, nuestra petición debe ser menudeada y con plenitud de confianza. El es nuestro Padre celestial.
En segunda instancia; la petición es concreta. Un hijo para el servicio a Dios, por la falta de liderazgo del sacerdote. Su oración tenía un objetivo: Su hijo para Dios. Las oraciones erráticas difícilmente tendrán respuesta.
En tercer lugar; La oración de Ana tenía la sazón de la certeza. Oraba con convicción. Todo lo que pidiereis en mi nombre Yo os lo concederé. Con la seguridad de la respuesta divina.
En cuarto lugar: La oración de Ana, es hecha con humildad. Sin arrogancia. Sin presionar a Dios. No multipliquéis palabras de grandeza y altanería, cesen las palabras arrogantes de vuestra boca, porque el Dios de todo saber es Jehová…(1º de Samuel 2; 3.) Naaman era leproso, estaba desahuciado, menospreciado por el pueblo por causa de su enfermedad, pero llegó con arrogancia, soberbia, prepotencia donde el profeta para la cura de su mal; Pero debido a eso no fue atendido en un principio.
En el quinto lugar, hallo que Anita tenía una crisis en su hogar. Su esposo la había abandonado por otra, porque no le había podido dar hijos. Ella no se dirige a ninguna instancia judicial, no pone denuncias. No hace alboroto. No lo comenta con nadie. Lo comunica a Dios. Su oración tiene otro ingrediente: Su confianza en las promesas de Dios. Ellas son fieles y verdaderas. Dios no es hombre para que mienta ni hijo de hombre para que se arrepienta. Todas las promesas en el son sí y en el amen, para Gloria de Dios por medio nuestro.
Y al sexto lugar hallo que Anita, también tiene carga por el pueblo, porque el sacerdote ha envejecido, ya no hay visión con frecuencia, y la palabra escaseaba. Anita no se dedica a criticar al sacerdote, ni le hace mala atmosfera. Dedica sus lágrimas y su dolor al Señor. Una oración con carga por la congregación, pero con respeto hacia el ministro. Finalmente hallo que la oración de esta preciosa mujer tenía dos ingredientes más, y deseo explicarlos para que sigamos sus huellas, las que me han parecido pertinentes.
El verso 12 Dice: Mientras ella oraba largamente. No se trata de vanas repeticiones. Sino de la necesidad que debe tener cada creyente autentico, de estar un buen tiempo cada día, en la presencia de Dios. Las oraciones con afanes no son gratas a Dios. A los discípulos se les dijo: Ni aún una hora habéis podido velar conmigo? El Espíritu a la verdad está presto, pero la carne es débil.
Y en última instancia hallo otro buen ingrediente. El verso 10 dice: Ella con amargura de alma (no con resentimiento, ni amargura de la carne, sino de su alma) oró a Jehová y lloró abundantemente. Fue una oración con compungimiento de espíritu, con dolor en el alma, con abundancia de lágrimas. No fue una oración por el hecho de orar, ni con bostezos; Fue algo que surgió del corazón angustiado, del espíritu mismo de una mujer que creía en la justicia de Dios, y que sabía certeramente, que su Dios podía, no solo escucharla sino responderle.
A Dios no lo convencen nuestros pergaminos, ni nuestro prestigio, ni los apellidos prestantes, ni nuestras altas posiciones. A él lo convence solo el corazón contrito y humillado; Ese no lo despreciarás tú oh Dios.
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