Todo pámpano que en mi no lleva fruto, lo quitará, y todo aquel que lleva fruto lo limpiará, para que lleve mas fruto. San Juan 15; 2
YO SOY la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mi, y yo en el, este lleva mucho fruto; porque separados de mi nada podéis hacer. San Juan 15; 5.
Hemos aprendido por la palabra del Señor Jesús, que, el fruto, es la credencial del árbol. No puede el árbol bueno dar frutos malos, ni el árbol malo dar frutos buenos. Por sus frutos los conoceréis. El fruto es visible, no se pude esconder. Nuestras buenas y malas acciones siempre serán descubiertas.
Las palabras en negrilla (del escritor) nos enseñan que la vida del cristiano, no es un estancamiento, sino un continuo crecimiento. Hay que crecer en la gracia, en conocimiento, en amor, en poder, en fe, etc. No podemos quedarnos del tamaño que llegamos. Debemos crecer hasta alcanzar la medida de la estatura de la plenitud de Cristo. Efesios 4; 11-12.
En el verso dos del capítulo 15 de San Juan dice: el fruto y más fruto.
Cuando San Juan explica que el árbol lleva fruto, se está refiriendo al árbol normal, que da su fruto normal, en su tiempo. Algunas veces en el momento, otras veces retrasado. Este fruto normal, se refiere al creyente normal. Es decir a aquella persona que se ha entregado al Señor, pero siguen en el desierto, alimentándose de maná. Gentes que no han tenido experiencias personales con Dios. Que no han comido de los frutos de la tierra nueva; Es decir panes sin levadura, y gavillas tostadas, que representan la victoria del Cristo resucitado, y por ende: Experiencias cristianas más elevadas que llevan a l creyente a una vida con más resultados espirituales.
Una cosa es ser un cristiano niño. Y otra, un creyente desarrollado en el conocimiento de Dios y sus propósitos. Una cosa es estar en el desierto, y otra en el Valle de Canaán. Una cosa es saber de Dios, otra es conocerlo, amarlo, adorarlo y servirlo.
Esta clase de creyentes son personas que no se han dedicado a examinar el por qué del llamamiento. Simplemente asisten a una congregación siendo conformistas, sin aspiraciones espirituales, sin ambiciones en Cristo, sin fe etc. Arboles normales, frutos normales, y cosechas normales, nada más. Creyentes que fácilmente son influenciados por el mundo y sus atractivos.
Posteriormente el mismo versículo dice: Lo limpiará para que lleve: Mas Fruto. Pero estos que llevan más fruto, han sido limpiados por la palabra de una manera especial. Que quiero decir con esto. Que son creyentes que han entendido el poder del evangelio, que se han puesto en las manos de Dios de una manera especial. Van en crecimiento, no se han estancado. Aspiran a ser usados y por eso permiten que la palabra entre a sus vidas, y los limpie haciéndolos aptos para servir a Dios con una entrega total.
Luego viene el verso 5. Estos son los llamados a llevar Mucho Fruto. Tal vez usted se preguntará: ¿Como hacen para llevar mucho fruto? Preguntémonos ¿Que necesita un árbol para llevar mucho fruto? HAY QUE PODARLO. La poda es necesaria para que haya no solo mas cantidad, sino más calidad. La poda consiste en quitar las ramas y hojas secas, que impiden el desarrollo del árbol y la circulación de la savia, que es la que proporciona el verdor, sanidad, estética y crecimiento del árbol. Además hay que desparasitarlo y abonarlo, para que la calidad del fruto se superior.
El árbol debe podarse en el momento en que las cosechas empiezan a menguar, y el fruto a perder su consistencia. ¡Entonces! ¿Qué debe hacer un creyente para llevar mucho fruto? Lo mismo. Hay que podarlo.
Consiste en que el creyente se empieza a dar cuenta que su vida cristiana, viene en deterioro. Se gasta su vida en reuniones sociales, paseos, noviazgos sin la aprobación divina. Ya no hay oración abundante, no hay lágrimas. Se pierde el apetito por oír la palabra, por estudiarla, no se asiste con regularidad a los cultos, se ocupa demasiado en sus negocios, estudios, afanes, y de pronto: La carne empieza a reclamar su posición y sus derechos. Con ella vienen las incitaciones a los malos deseos, se activa la lascivia, las pasiones; Entonces: Hay que caer de rodillas y rogarle al Señor, La poda.
Consiste en dejar que el Señor a través de su preciosa palabra, arranque de cuajo, esas ramas secas y hojas marchitas de todos los malos deseos, hábitos pecaminosos, costumbres deshonestas, vicios impuros, actitudes impías, pereza, conformismo y todo aquello que impida el crecimiento de los frutos.
La poda tiene un buen propósito. Mejorar nuestra calidad de vida espiritual, nuestra relación personal con el Señor. Descubrir más dones, proporcionar más fe, santidad, temor de Dios. La poda une lo que estaba separado de Dios, y nos adhiere al árbol (Cristo) para retomar mas savia divina. Con ella más poder, discernimiento, entendimiento, sujeción. La poda destruye lo artificial, y le da vida a lo que tiene sustancia en Dios.
La poda produce dolor. Es verdad que ninguna disciplina la presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza, pero después da fruto apacible de justicia, a los que en ella han sido ejercitados. Por lo cual, levantad las manos caídas y las rodillas paralizadas, (por la falta de la savia); y haced sendas derechas para vuestros pies, para que lo cojo no se salga del camino, sino que sea sanado. Hebreos 12; 11-13
La poda nos causa dolor, no produce gozo someternos a ella, no es nada emocionante, pero una vez realizada vemos los resultados con alegría y gratitud a Dios. Entonces surgirá una vida espiritual grata a Dios, llena de frutos de justicia que son por medio de Jesucristo, para gloria y alabanza de él. Dios no quiere hojas. Quiere frutos. Las hojas no se comen. Los frutos sí.
JORGE ENRIQUE LOPEZ
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